IDEAS OBSESIVAS: CUANDO SE ENTRA EN BUCLE

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Al hablar de ideas obsesivas no nos estamos refiriendo en este caso a un TOC, es algo más sencillo: se nos mete algo entre ceja y ceja y no podemos parar de darle vueltas.

Pueden ser situaciones personales o laborales, relaciones afectivas o dificultades con algún miembro de la familia política.

La persona se empieza a obsesionar con una idea y ésta se hace central en su vida, lo contamina todo, su vida, sus actos, sus acciones vienen determinadas por la idea obsesiva que les marca y les amarga la existencia.

La persona que está pasando por una situación de obsesión, a menudo ha pasado previamente por una situación en la que se ha sentido injustamente tratada y no ha podido defenderse, o es una situación que ha ido in crescendo, haciendo que cada cosa que haga o diga la persona con la que tiene una manía obsesiva la interprete como una ofensa personal.

Entrar en ese bucle supone perderse todo lo demás que conforma la vida y no poder disfrutarlo, es como descartar cualquier situación agradable porque no podemos apreciarla, sólo vivimos pensando en aquello que nos obsesiona y consume.

Es imposible dejar de lado el pensamiento, girando y girando en nuestra cabeza, consumiendo días, semanas, meses.. y produciendo un deterioro en nuestro estado anímico y nuestras relaciones con el resto de las personas.

Salir de una obsesión supone la identificación de aquello que hemos considerado en principio una afrenta, re-evaluándolo en términos objetivos, midiendo en términos de coste-beneficio lo que realmente nos supone esa obsesión en nuestra vida, para posteriormente trabajar el modo de ir reduciendo su peso emocional y aprendiendo a manejar la situación identificando los momentos en los que estamos atribuyendo un ataque a situaciones que en otras ocasiones o viniendo de otras personas, no le daríamos importancia.

Cuando estamos obsesionados con algo o alguien en términos negativos, focalizamos toda nuestra atención hacia sus actos y dejamos de vivir para centrarnos en acechar.

La persona obsesionada sufre, su entorno sufre y, desgraciadamente en la mayoría de los casos, la única forma de salir de esta situación es mediante la aplicación de técnicas cognitivo-conductuales (terapia psicológica) que enseñen al paciente los pasos adecuados para conseguir el cambio:

identificación- re-evaluación - acción

Si estás “consumido” por alguna idea obsesiva, no pierdas ni un segundo más de TU vida, tienes que sacarlo de la cabeza, tienes que romper el bucle porque estás dando vueltas como un hamster en su rueda, algo cansado y estéril.

NO QUERERNOS PUEDE HACER INSOPORTABLE LA TAREA DE VIVIR

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Conocernos y querernos nos hace experimentar seguridad en nosotros mismos y una tremenda sensación de libertad sobre nuestras decisiones personales.

Querernos como somos tampoco es una labor de amor incondiional (tampoco vamos a volvernos todo locos), es hacer una introspección objetiva, buscando nuestros defectos y nuestras virtudes, intentando limar aquellas partes de nosotros que no nos gustan, potenciando aquello que nos parece positivo y buscando acercarnos más la nuestro “yo ideal”.

Un buen ejercicio que propongo en consulta es: “imagínate que puedes inventarte a ti mismo, cómo te gustaría ser, reinvéntate”. Partiendo de las características personales que la persona resalta como su ideal, se busca el acercamiento entre lo que somos y lo querríamos ser.

Cada uno tenemos nuestra personalidad y es prácticamente imposible llegar a la virtud que supondría conectar el ser que quiero con el que soy, pero la plena consciencia de nuestras características personales ayuda bastante a tener que pedir alguna vez menos perdón o a lamentarse por algún comportamiento poco adecuado o demasiado pasivo, por ejemplo.

Pongamos un ejemplo (desgraciadamente frecuente) una persona que grita a su pareja. Le preguntas y te dice con toda paz “es que yo soy así” y yo siempre contesto lo mismo: “entonces, ¿le gritas “a tu jefe cuando te irrita? imaginad la respuesta: al jefe no, claro, como si ese claro que añaden al final mejorara un poco la situación. Lo que está diciendo esa persona en realidad es “grito porque es mi forma de expresar frustración, porque no sé hacerlo de otro modo” aunque en el fondo de su corazoncito sepa que los gritos convierten el diálogo en discusión y no llevan jamás a nada positivo.

Ese tipo de personas suelen tener la autoestima baja, porque saben que se tienen que imponer a traves de los gritos (ellos y ellas, que en todas partes cuecen habas), y en el fondo saben que son incapaces de dialogar y que cuando quieren llegar a un consenso o a que su pareja les comprendan, acaban quedando como unos puñeteros locos y ya ni hay argumentos, ni razones, ni nadie se acuerda de qué problema se trataba, porque eso ya no importa, sólo queda el distanciamiento y el disgusto.

Pasa lo mismo en muchísimos ámbitos de la vida: personas que no saben expresar sus deseos, sus necesidades o sus gustos y se van haciendo pequeñitas, van cediendo en todas las decisiones de la vida y perdiendo cada vez más seguridad hasta ser incapaces de expresar lo que realmente quieren, porque consideran que la opinión de cualquiera es mejor que la de ellos mismos.

Podría poner muchísimos ejemplos de falta de amor hacia uno mismo. Cuando se trata de una persona con pareja y/o con hijos siempre les planteo: si tu no te quieres, significa que tus seres queridos se han conformado con alguien inferior, según tú. Eso les suele producir un cierto estupor, porque supone la confrontación con un contrasentido: quieres lo mejor para los tuyos pero tu no te sientes lo mejor para los tuyos. Algo falla.

En definitiva, el trabajo terapéutico con personas con baja autoestima es enriquecedor, bastante más que una inyección de botox o una tarde de compras. Es empezar a trabajar para conocerse, aceptarse y detectar aquellos aspectos de su personalidad que pueden ser modificados para que ellos se encuentren mejor.

Las técnicas son sencillas, pero requieren un esfuerzo por parte del paciente, que tiende a describirse con una lista de defectos de 8 páginas y un par de cualidades. Primero se trabaja este aspecto: la objetividad respecto a si mismo, para pasar posteriormente a intentar modificar conductas o actitudes que no les gusta de ellos mismos a la persona, siempre trabajando el reforzamiento positivo y un reconocimiento sincero de los logros.

Trabajad cada día la autoestima, centradla en vuestra personalidad, jamás en el aspecto físico, que es efímero. Las personas que consideran que la autoestima reside en su físico terminan teniendo serios problemas por varios motivos: lo efímero de la belleza y lo vacío que han dejado su mundo interior a base de mirarse en el espejo.

Crecer por dentro y aprender a aceptarse, quererse y mejorar es ese punto de calidad que hace que las personas se sientan felices con quienes son y el lugar que ocupan en el mundo.

Nunca os odiéis. El amor hacia uno mismo se irradia hacia los demás, porque la persona que se quiere no se siente amargada ni anulada, se siente plena y es capaz de darse y dar todo aquello que tiene.

Y si aún no sabes cuáles son tus cualidades, empieza desde hoy mismo a descubrirlas. Tal vez sea el tiempo mejor invertido de tu vida.

Recuerda que “nadie es más que nadie”, y tampoco menos, busca tus fortalezas.

TERAPIA INFANTIL: EL PAPEL DE LOS PADRES COMO COTERAPEUTAS

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El trabajo terapéutico con niños pequeños (hasta los 8 o 9 años) requiere una fuerte implicación de los padres.

Por una parte, a menor edad del niño, menos posibilidades de indagar sobre sus problemas o emociones a través de la palabra. Las conductas a edades tempranas nos pueden dar las pistas necesarias para llegar a la raíz de los problemas.

Por otra parte, tal vez la más importante, muchos niños que acuden a terapia infantil por problemas de conducta, lo que necesitan es una terapia que incida directamente sobre los padres, porque la mayoría de los problemas de conducta disruptiva en los niños vienen dadas por la forma en que los padres les están educando.

Lo ideal a la hora de trabajar con niños pequeños es dividir la sesión en dos partes, no necesariamente iguales. En una se trabaja con el niño explorando sus problemas, identificando conductas que hay que cambiar y dándole estrategias muy sencillas para ir modificando su conducta o haciendo frente a emociones que expresan de forma inadecuada. Esta parte de la sesión es totalmente lúdica.

El trabajo con niños pequeños se realiza con plastilina y punzón, papeles y lápices de colores, marionetas, juegos sencillos, playmobil para escenificar situaciones y todo aquel material susceptble de ayudarnos a permitir entrar en el mundo del niño de una forma nada agresiva, haciéndole sentir cómodo y dejando que se abra en un momento de relajación.

En muchas ocasiones es conveniente grabar estas sesiones para poder luego analizar minuciosamente las cadenas conductuales y poder posteriormente introducir algunos cambios en las secuencias para ver la reacción en el pequeño.

La otra parte de la terapia es la centrada en los padres. Aquí suelen surgir algunos problemas. Hay padres que culpan a sus hijos por su comportamiento y actitudes y no tienen en cuenta que los niños aprenden en casa muchas cosas, el MODELADO de conductas supone que los niños reproducen aquello que ven en casa. Si los padres gritan, los niños piensan que es un modo natural de comunicación y lo reproducen, por ejemplo.

Otras veces los padres son inconsistentes en su forma de relacionarse con los niños, y lo que unas veces no les importa, otras les parece algo terrible, un poco dependiendo de cómo va de paciencia el progenitor.

Lo ideal para organizar la terapia es partir de la base que no hay niños buenos ni malos, lo único cierto es que los hay tranquilos y responsables y los hay movidos e impulsivos. Estas características ni siquiera son un indicador fiable de qué tipo de niño puede necesitar en un momento dado un poquito de ayuda terapeutica, ya que los más responsables pueden tener sentimientos internos de necesidad de agradar, y cuando algo no les sale perfecto tienden a sentir que han fallado produciendo sentimientos de poca autoestima y tristeza. Los más bichillos pueden terminar siendo un reflejo de la “profecía autocumplida”: si siempre le decimos que es un desastre, lo terminará siendo, porque es lo que se espera de él.

De esta forma, el trabajo en terapia infantil se va a centrar en la mayoría de los casos en una terapia con los padres, en los que se les enseñe a modificar algunas conductas que ni siquiera eran conscientes de que pudieran ser perjudiciales, también se les enseñará a actuar ante casos de mal comportamiento, timidez, miedos y un largo etcétera.

Por todo ello es necesario desterrar la idea de que el niño va a terapia porque algo va mal en el niño, teniendo una visión más global del asunto: el niño va a terapia porque algo funciona mal en el ámbito de la educación del pequeño.

Nunca debemos olvidar el papel de modelo que ejercemos sobre los niños. No hables como un carretero y a continuación castigues al niño por decir un taco, y si viene del colegio diciendo tacos, no pienses: desde luego vaya cosas aprende en el colegio (que también, las cosas como son), pero no te cruces de brazos en un “esto es lo que hay”, tómate el tiempo necesario para explicarle las cosas que no son adecuadas, o deja que el terapeuta te indique cómo hacerlo de una manera efectiva (que no es el ordena y mando porque para eso soy tu padre).

Establezcamos alianzas entre los padres, porque la familia tiene una jerarquía y esto no es una democracia, básicamente porque un niño de 6 años no puede tomar las riendas de la buena marcha de una familia.

Los niños son para sufrirlos, disfrutarlos, amarlos y a veces tener un poquito de ganas de ahogarlos. Es lo que tienen los niños. Si tienes un poco de paciencia y sentido común,, la experiencia de la paternidad/maternidad es un viaje mágico y maravilloso, si dejas que te lleven a su terrero, sufrirás como un azotado, porque no debemos olvidar que esos cuerpecillos son pura terquedad y energía, y en eso nos ganan por la mano.

Así que, si estás pensando que tu niño necesita terapia, reformula el “llevo al niño al psicólogo” por un “vamos al psicólogo con el niño”.

HAY UN TIEMPO PARA CADA COSA. MEDITA SOBRE LO QUE PROCEDE

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Siempre me ha gustado El Eclesiastés, especialmente su libro 3, del que se sacan muchas reflexiones:

Eclesiastés 3 

Hay un tiempo para todo

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo:

un tiempo para nacer,  y un tiempo para morir;
un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar;
un tiempo para matar, y un tiempo para sanar;
un tiempo para destruir, y un tiempo para construir;

un tiempo para llorar,  y un tiempo para reír;
un tiempo para estar de luto,  y un tiempo para saltar de gusto;
un tiempo para esparcir piedras, y un tiempo para recogerlas;
un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse;
un tiempo para intentar,  y un tiempo para desistir;
un tiempo para guardar, y un tiempo para desechar;

 un tiempo para rasgar,  y un tiempo para coser;
un tiempo para callar, y un tiempo para hablar;

 un tiempo para amar, y un tiempo para odiar;
un tiempo para la guerra, y un tiempo para la paz.

El problema viene cuando no respetamos los tiempos para cada cosa, no dejamos que la vida fluya al compás de la situación, y surge el malestar.

Queremos recibir los frutos sin habernos tomado el tiempo de sufrir plantando y esperando que germinen nuestros esfuerzos, buscando siempre la recompensa rápida, sin aprender a sufrir para lograr, y así surgen problemas de frustración (esto le pasa especialmente a la gente joven que piensa que los móviles crecen en los árboles, y la paga es un derecho a cambio de nada).

Otras partes que tienen mucho de psicológico son las que hablan de los tiempos de abrazarse y los tiempos de despedirse (qué difícil resultan algunas rupturas, que se tornan eternas y tortuosas)

También aquellos en que se empeñan en ser amados por el hecho de estar enamorados, y que creen que terminarán consiguiendo que la otra persona se enamore por su perseverancia (entramos en la categoría cansinos históricos) Estas personas no aceptan un no por respuesta y se mueven en el mundo de las obsesiones y los celos.

Y sí, también hay momentos de rasgar, y acabar con aquellas cuestiones que nos empobrecen (criticar, envidiar, mentir, tener adicciones…), hay momentos para romper con ello y construir una vida en que todo aquello que en el fondo nos hería, lo cosamos para que tan sólo quede una pequeña cicatriz

Y sí, también es posible que llegue tiempo de odiar a quien se amó, tampoco vamos a ir por ahí de santitos. El odio cuando nos dañan es una reacción natural, en la que imaginamos a la persona a la que amábamos sufriendo 17 tipos de torturas, a cual más cruel, si así te quedas mejor, adelante. El proceso de duelo en una ruptura lleva el odio como una fase, pero ojo: esto no es barra libre: es una fase que tiene que estar muy limitadita en el tiempo, y que se puede cambiar por unas sesiones de boxeo que nos liberen. El tiempo de odiar debe ser corto, dando lugar a otro momento: el de volver a amarte a ti mismo, en ese momento el odio se convertirá en indiferencia o una sonrisa torcida con un pensamiento “qué cabroncete/a” cuando recuerdes lo que te llevo a romper el amor.

También hay tiempo para la guerra, la lucha, la reclamación….pero no puede ser permanente. Los profesionales de la reivindicación terminan olvidando que una reivindicación debe orientarse al bienestar no a la crispación permanente.

Y sí, tiempo de hablar y de comunicarte, y de expresarte…y tiempo de callar para no dañar o simplemente para algo tan necesario como es escuchar.

Como veis no he seguido el orden de los versos. Intento que volváis sobre ellos, y que os paréis a buscar vuestra propia interpretación.

Y EL CORAZÓN ME ARDE

Hoy he bajado la basura.

En la entrada estaban mis dos perretes durmiendo y me han mirado con adoración (o ganas de que les saque, quiero pensar lo primero) y de golpe he sentido que el corazón me ardía.

He pasado (o estoy en ello) pasando una experiencia vital dura, de esas que te enfrentan a toda tu vida y te hacen pensar, pero yo reconozco que tengo el extraño vicio de transformar toda emoción o cosa que me sucede en cómo ayudar a mis pacientes, como extrapolar cada experiencia.

Que te arda el corazón es la experiencia más bella que he experimentado, quitando tema nacimiento de niños y poquito más.

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El corazón arde cuando la emoción te embarga, y eso no depende de nadie, depende de ti. El corazón no arde por alguien, el corazón arde de las propias emociones, de la propia plenitud de percibir un momento con toda su magnitud: los ojos de tus perros diciéndote tanto sin decirte nada, la sonrisa de una persona cuando le sujetas una puerta, arde con un café escuchando una canción, arde con unas sábanas limpias…

Esperamos que la felicidad y la plenitud nos venga de fuera, y no pensamos que tal vez, hay muchas formas de permitir que nuestro corazón, nuestros sentidos, vibren ante cosas a las que no prestamos atención.

Deja que tu corazón arda de amor de la mañana a la noche, por todo, por todos, por cosas grandes y pequeñas, por sonidos, sensaciones, pequeños momentos, pequeños mimos, ante grandes amores o simplemente mirándote al espejo y sonriéndote a ti mismo.

El corazón te debe arder siempre, y cuando no lo haga, ven, “si necesitas una mano, recuerda que yo tengo dos”, vamos a encender esa llama para que vuelvas a sentir llamas dentro de ti.



AMAR ES UN ARTE QUE POCOS CULTIVAN

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Es difícil amar a otro más que a uno mismo, pocas veces se logra y nos conformamos con sucedáneos de lo que debería seguir creciendo hacia la perfección, pero nuestra incapacidad, nuestros miedos o la falta de memoria nos hace estancarnos en relaciones buenas pero no bellas.

Ojala pudiéramos sentir por nuestra pareja como el primer día. La verdad, sería agotador, pero a la vez, y esto no es cuestión de intensidad sino de calidad, el conservar intacta la motivación hacia la otra persona nos haría ponernos las pilas y no dejar nuestra relación como algo estable pero un poco inerte.

Os propongo que reflexionéis (a aquellos que tenéis pareja, el resto toca esperar tiempos mejores).

¿Qué tal vamos con aquel deseo irracional de ver, tocar, oler a nuestra pareja? tal vez lo hayamos cambiado por poner una mejilla indiferente para recibir unos frios labios a la vuelta del trabajo.

¿Os acordáis cuando os arreglabais y ambos parecíais dos sanluises cuando quedabais para tomar el aperitivo? mira a tu lado: tú eres la de la bata horrorosa y supercómoda y él se está rascando el glúteo en calzoncillos y una camiseta raída. Esa confianza que da asco.

Antes sus “cosas” nos hacían gracia y ahora nos superan. La crítica, el no pasar ni media, suele ser una práctica habitual en parejas que se llevan bien (a no ser que uno de los miembros sea pasota profesional).

A veces la pareja se vuelve competitiva para conseguir sus propios objetivos y se olvida que la convivencia es no vivir juntos, es VIVENCIAR juntos. No es cuestión de quien consigue el máximo confort o que la vida se adecúe mas a sus deseos, se trata de hacer de la vida una aventura maravillosa, de poder disfrutar cada minuto del que disponemos, de coger fuerzas para afrontar los malos momentos con cohesión, sintiéndonos arropados.

Amar no es olvidarse de uno mismo, en absoluto. La persona sigue siendo un ente individual que necesita sus parcelas, y que va nutriendo su personalidad. En el amor hay sitio para el ser individual, pero la persona siente que sus propias experiencias, su parte personal, de forma que siempre puede aportar nuevas cosas a la pareja. Si dejas de ser uno mismo para ser parte del otro pierdes tu esencia, y no te nutres ni puedes nutrir a la relación.

Dejad de lado las rutinas, vivid como locos la experiencia del amor.

Utilizar la cabeza para hacer planes sorprendentes, usar las manos para volver a las caricias, usar los ojos para mirar y no sólo ver. Comunicaros, confesaros, expresaros, haced de vuestra pareja el compañero perfecto con todas sus imperfecciones, y sí tenéis que aprender a respetar a la otra persona con sus defectos, porque así le conocisteis y le amasteis. El viejo truco del “ya le cambiaré” es algo estúpido, es como querer programar que la persona a la que empiezas queriendo como es debe terminar siendo un frankenstein de lo que a ti te conviene, si tu no quieres que te cambien, ¿por qué has de cambiar a tu pareja?

Si no eres alérgico, dedica el domingo a disfrutar y no hacer limpieza general como si hubiera revisión de tropas a las 8 de la tarde. Nadie vendrá a decirte que tu casa es una patena, pero te habrás perdido un abrazo en el paseo, una broma, una siesta llena de paz….

La memoria es una de las más potentes armas para cultivar el arte del amor. Memoria para no perder de vista lo que te llevó a la persona y todo aquello que deseabas hacer junto a ella.

Vive el amor como un arte y no como una rutina. Compartir la vida con otra persona puede ser una aventura apasionante. No la degrades, no dejes pasar la oportunidad de convertir tu vida en un viaje maravilloso .

Yo he visto parejas de ancianos que resumían a la perfección esta lección bien aprendida. Ver la ternura de sus manos entrelazadas, sus ojos cruzarse, cómo se ayudan a caminar es de las experiencias más sobrecogedoras y bellas que se pueden vivir. Luchar por ser una de esas parejas. Está en vuestras manos.

LA DIFERENCIA ENTRE LA REFLEXIÓN Y EL JUICIO

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Es muy español eso de ir juzgando a las personas. En tres minutos de ver a una persona ya le hemos cortado un traje, para qué esperar, escuchar, intentar comprender… nos lanzamos a juzgar personas y situaciones con una ligereza digna de mejor causa.

Tal vez ese mal vicio se vaya curando con la edad, yo creo que sí, que las personas mayores, por la experiencia de la vida y porque ya no se creen los más listos del pueblo, suelen ser más pacientes a la hora de enjuiciar.

Por supuesto somos iguales juzgando personas y situaciones (vete a un bar a la hora de un partido y te vas a encontrar a los mejores seleccionadores nacionales de fútbol todos ahi, concentrados con su cañita y su profunda reflexión sobre alineaciones, pases y faltas).

Hasta ahí nada que objetar, que somos muy jueces y que de todo opinamos,, y eso, no hace demasiado daño (excepto cuando la persona ya es una criticona nivel pro, que lo que necesitaría es ver su nivel de frustración para saber por qué le fastidia todo el mundo, bueno, a ese tipo de personas, se les puede aconsejar que miren a ver si se pueden comprar una vida por Amazon,que seguro que las venden.

PERO NO ES ESE EL TIPO DE JUICIO PELIGROSO

El juicio peligroso para nuestra satisfacción personal y nuestro grado de adaptación es el que hacemos sobre nosotros mismos.

Hay personas que se detestan de una forma increíble. Todo lo que hacen les parece que los demás lo va a juzgar ridículo, inapropiado, absurdo…

Estas personas siguen el lema de “antes de hablar fustígate”, y claro, como su autoconcepto es malo y consideran que lo que ellos digan no es igual de válido que lo que dicen los demás, suelen ser personas que se retraen y sólo se atreven a ser ellas mismas con muy pocas personas.

Este problema en algunos casos es debido a un trastorno por fobia social (miedo a la interacción social), y en otras ocasiones es por una conducta aprendida, o por haber sido muy cuestionados por sus padres en su infancia.

Es necesaria la intervención sobre estas personas porque no son felices. Desearían ser como las otras personas, estar cómodas, disfrutar con amigos, dar su opinión, pero creen que esto no es para ellos.

Afortunadamente el desarrollo de técnicas apropiadas incrementan las habilidades sociales de estas personas, a la vez que se trabaja sobre sus creencias erróneas sobre que otras personas siempre nos van a juzgar negativamente.

Si este es tu problema, es hora de que te grabes en la cabeza que NADIE ES MAS QUE NADIE, y a partir de ahí empezar a cambiar el juicio implacable por la reflexión sobre lo que hacemos y decimos, pero no con el objetivo de cohibirnos, sino de encontrarnos cada vez más integrados socialmente.

REDES SOCIALES: ENTRE EL YO IDEAL Y EL YO REAL

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La era tecnológica y la irrupción con fuerza de las redes sociales ha creado cambios sociales y nuevas formas de comunicación e interacción personal.

Este cambio social también está produciendo cambios psicológicos en las personas, dando lugar a nuevos desajustes que por el momento pueden pasar desapercibidos, pero cada día se van haciendo más patentes.

Estamos "desdoblando” nuestra personalidad, construyendo una imagen idílica completamente alejada de la realidad. Las fotos que colgamos no son las del careto mañanero, es la mejor entre 300 fotos, visitamos sitios y en vez de mirarlos con los ojos, buscamos el mejor plano para la foto, para colgarla en las redes.

Tenemos sed de ser populares a través de una imagen que se aleja del ser humano real, de nuestra propia identidad.

Parece que nuestra vida son todo sonrisas, fiestas, lugares paradisíacos, grupos numerosos que muestran a personas con una vida maravillosa.

Las personas no se toman un cafe y se cuentan los problemas, en muchos casos las redes de contactos sociales hacen el trabajo natural y humano de conocer gente. Yo estoy esperando que aparezcan negocios como el ¨Teleamigos o el Telenovio.

El problema con esta tendencia es la pérdida de nuestra facultad para reforzar nuestra autoestima de forma natural, siendo como somos, con lo bueno y lo malo.

Empezamos a perder seguridad en nosotros mismos en el “face to face”, sin tiempo para preparar la frase cool o poner la pose perfecta, lo que lleva al aislamiento de la persona por miedo a su auténtico yo, al que empieza a subestimar como peor del yo inventado.

Se empieza a notar en la consulta un incremento de problemática a este respecto, una falta de habilidades sociales, de dificultades de comunicación en diálogo, de inseguridad ante su imagen personal.

Es como si estuviéramos creando un nuevo tipo de trastorno de ansiedad social, basado en una inseguridad por no poder acercarse a ese yo ideal vendido al exterior. Como resultado de esta inseguridad en el contacto real, las personas se autoanalizan antes de hablar, y normalmente el juicio que realizan de ellos mismos se basa en un sesgo negativo: siempre pierden ante ese personaje que ellos mismos se han construido alejándose de su propia realidad.

En estos casos el aislamiento social se vuelve patente y aparecen problemas serios de inseguridad, falta de autoestima y en algunos casos depresión.

La intervención en estos casos se hace necesario, trabajando un acercamiento entre el yo ideal y el yo real, modificando las creencias erróneas sobre lo que se supone que hay que ser, hacer o tener para ser aceptado socialmente y ayudando a la persona a incrementar su autoestima, autoaceptación y la idea nuclear de que si no se considera un igual, si siente que tiene que fingir , exagerar, modificar algo de su vida, está viviendo una historia difícil de mantener en el tiempo y que al final, el camino hacia la paz interior, hacia la seguridad y la satisfacción, se encuentra justamente en ser uno mismo, en la autenticidad.

LOS REYES ME HAN TRAIDO RESILIENCIA!

Son mágicos estos Reyes que te traen lo que necesitas, además de cosas, porque a veces no necesitas cosas que se compran o que te dan, son cosas que salen de ti.

A mi me han traído brillo a mi armadura, y con ese traje lustroso y brillante hecho de fuerza y de ilusión, lo tengo hecho, ya todo lo demás viene en el pack. Es como… los 3 deseos del mago, pero a lo bestia, no son tres deseos, es uno que es todo: ganas.

Muchos sabéis (o algún aburrido de la vida que me lee) que hace siete meses me detectaron un cáncer de pecho. Ya he pasado por todos los procesos que lleva esta enfermedad, siempre con un puntito de deformación profesional, intentando apresar las emociones y miedos que puede sufrir un enfermo de cáncer.

Acabó la primera fase de esta etapa en la que no soy digna representante de esta enfermedad, yo soy de las afortunadas que el tratamiento les funciona y que siempre recibe buenas noticias.

He aprendido que es vivir con una quimio y no dejarse vencer por ella, pero comprender que no todas las condiciones físicas son iguales. Ahora sé no se es valiente por ser fuerte, es ser valiente por no tirarte por una ventana cuando el cuerpo no puede más y la incertidumbre sobre la muerte es algo real.

Yo sólo lo superé pensando en las posibilidades que existen de morirte de cualquier cosa cualquier día del mes. No creo que tener un cáncer o hacerte 50.000 km. al año diferencien mucho las estadísticas, o simplemente que sea tu día. No es el cáncer el que te pone fecha de caducidad en realidad, en algunos casos te da una fecha aproximada, y eso asusta, pero atragantarte con una uva puede ser en definitiva más letal que el cáncer.

Este proceso ha sido agridulce: estoy harta de médicos y tengo las venas como un colador, sigo con la espadita de damocles encima de la cabeza, porque cuando tienes un cáncer los médicos son gallegos y nunca sabes si las cosas van bien o mal, esa es la parte negativa, que luego os detallaré más, pero tiene una gran parte positiva: la humanidad, la valentía de los demás, el amor real.

He recibido lecciones durante siete meses difíciles de olvidar, se me encoge el corazón recordando a todos los amigos de mi hijo, con una sinceridad en su preocupación que te devuelven el haberlos visto crecer, el saber que son realmente parte de ti, que no te olvidaron en su infancia.

He tenido a mi lado a unos hijos con una entereza que yo no hubiera sabido capaz de tener, sin agobiarme, comprendiendo que el sentido del humor era nuestra válvula de escape, haciéndome reír camino del quirófano, y estando siempre ahí.

He tenido a una amiga de las que casi nadie puede tener. Una amiga que no pregunta, que se anticipa, que está dispuesta a sacrificar estos siete meses de su vida por ti, para hacerte la vida fácil, para hacerte sentir cómoda, para que no tengas frío, para escucharte, para permanecer callada a tu lado, para irse o para venir sin necesidad de explicarle lo que te pasa.

He tenido una hermana que ha llorado mi enfermedad, que ha dejado de lado todas las tonterías que pueda haber entre hermanas y ha estado ahí, la primera, ofreciendo todo para cuidarme.

Y he tenido a mis pacientes, comprendiendo y pasando esto a mi lado. Siendo sin saberlo un punto de anclaje con la realidad, permitiéndome evadirme de mi propio ombligo para centrarme en ellos, reafirmándome en mi creencia de que es más duro un dolor del alma que del cuerpo,

Familia, amigos, pacientes, me han dado una lección de amor (y alguna de todo lo contrario, que agradezco para saber con quien no perder el tiempo que es oro)

Pero ahora viene una reflexión sobre algo que considero muy importante desde el punto de vista psicológico, algo en lo que yo no había reparado y he sufrido, y he tardado 2 meses en asumir.

¿Qué pasa con el paciente oncológico una vez es operado con resultados positivos? Pensaréis que es el alivio, la felicidad, el pasar página…no, es el principio del precipicio.

Durante un proceso oncológico hay un proceso de afrontamiento en el que todos los esfuerzos se dirigen a una meta: que la quimio funcione, que la operación sea positiva… vale. Pongamos que todo sale bien. ¿Es el final? eso es lo que todos pensamos.

En el paciente quedan unas secuelas psicológicas. Se hace consciente de lo que ha vivido, y aparece la reexperimentación. Hay un miedo a una recidiva, y cada prueba, cada revisión se vive con angustia. Los familiares intentan animarte a hacer cosas, a recuperar tu vida y actividad anterior, pero las secuelas de la quimio tardan un tiempo en desaparecer y el cuerpo no responde, y te debates entre los sentimientos de culpa y de incomprensión, te asaltan dudas sobre si estarás sacando provecho de tu malestar, si estarás quejándote demasiado…

Los médicos que antes te arropaban y te veían cada semana,ya no están, te verán cada tres meses, y mientras, te las tienes que apañar con tus dolores o tus molestias, asumiendo que son normales.

En mi caso estuve en el hospital tras una mastectomiía menos de 48 horas, y ni me informaron sobre si podía llevar sujetador o no, o qué podía hacer o que nó. Me fui a casa arrastrando una maleta 300 metros hasta una parada de taxi con una bolsa de tela escondiendo mi botella de drenaje, y recibí….muchísimas felicitaciones porque todo había ido bien.

Me ha costado dos meses este último golpe de tententieso hasta que me he vuelto a centrar.

Ya no me importa gran cosa la tasa de recaídas, no me tengo que tomar un lexatín para poder ducharme y pasarme una esponja por el lugar donde antes había un pecho y ahora hay una nada que me recuerda un mal sueño de siete meses en el que aprendí a levantarme cada día para luchar.

Me he cansado de ser una enferma, me he cansado de la palabra cáncer y ya no necesito tomarme un lexatin para mirar un vacío que a fin de cuentas no me ayudaba a caminar, escribir o pensar.

Tengo ganas, las ganas que me han traído los Reyes Magos de regalo. Ganas de abrir la consulta, remangarme y poner a funcionar todos mis recursos para hacer que la gente deje de sufrir y encuentre un sentido a la vida.

Este año quiero ser un poco Rey Mago cada día con mi trabajo.

Y esta vez las gracias van para mi hermana y su marido.

A todos los demás, y como siempre les digo con pleno convenciimiento cada vez que vienen a mi consulta: VAMOS A POR ELLO.

DIA MUNDIAL DEL CÁNCER DE MAMA: LOS HÉROES SON LOS QUE NOS CUIDAN

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Las mujeres que sufrimos un cáncer de mama somos consideradas unas valientes y unas luchadoras. Lo de ser valientes no es en nuestro caso una opción, es lucha por la supervivencia, que llevamos con mayor fortuna dependiendo de muchísimos factores: nuestra fuerza interior, nuestra resilencia, la convicción que poner de nuestra parte va a hacer más fácil el proceso, la actitud positiva que siempre resta dramatismo a un hecho cruel pero cierto del que no podemos huir.

Sin embargo, en todo el proceso de un cáncer, el papel de las personas allegadas, las que se involucran en el padecimiento de la mujer, es duro y ante todo es OPCIONAL: quien se mantiene al lado de una enferma de cáncer tiene que hacer un sobre esfuerzo tanto en la asunción de tareas como en el área emocional.

Cuando recibes un diagnóstico demoledor, en el que la mujer sabe que emprende un camino lleno de sufrimiento físico, desgaste mental, dolor e incertidumbre, tu mundo personal y social se muestra nítido, sin trampa ni cartón. Llegan los posicionamientos claros y las personas que se involucran en tu sufrimiento hasta extremos insospechados.

Creo que la persona que lo padece sufre muchísimo esta situación. La quimio supone el sufrimiento físico y constante, las pruebas la incertidumbre y la ansiedad, los cambios físicos la necesidad de construir una nueva autoestima alejada de los cánones estéticos, y para muchas, los momentos malos la necesidad de pedir ayuda y de mostrarnos enfermas (para las que somos madres es muy complicado y doloroso este rol).

En mi caso mis valientes son en primer lugar mis hijos, que han sabido multiplicar su tiempo y cambiar sus prioridades para poder continuar con sus trabajos y a la vez estar en primera linea de batalla, ayudando, acompañando, anticipando las necesidades, dejando de la noche a la mañana de ser aprensivos con hospitales, curas, inyecciones…

Ellos no están enfermos, y sin embargo viven mi enfermedad, tal vez de una forma más dura: pudiendo huir del sufrimiento y sin embargo eligiendo estar ahi, con la impotencia de no poder curarme y la angustia de mi día a día (a veces complicado, soy de las que cuento una y callo veinte).

También están los amigos, esa extraña tropa que se mete en el calendario mis fechas de quimio para bombardearme de ánimos a las 7 de la mañana, que están, que respetan los momentos y saben escuchar y en muchas ocasiones sólo decir: “estoy aqui y te quiero”.

Para mi héroe con capa y superpoderes es la amiga que me regaló mi primer perro (ahora tengo dos) y que cada día, tres veces por día, compaginando con su trabajo, lleva a mis perros de paseo, cuando va a la compra hace la mia con cosas que piensa que me pueden apetecer, aparece los días que me ve mustia y se planta en casa de una forma “tan casual” que se cree que no me he enterado que tiene un grupo de whattsap con mis hijos y se van organizando.

Está mi madre, que ya es mayor y sabe que me duele verla sufrir, y que espera a que sea yo quien la llame, a pesar de su angustia, porque busca lo mejor para mi, está mi hermana que me hace mermeladas y llora mi pena y haría lo necesario para hacerme sentir mejor.

Todas esas personas no tienen un cáncer, pero sufren la parte emocional del cáncer de una forma intensa y dolorosa, y para mi son los valientes, porque son los que eligen estar, los que eligen permanecer día y noche al lado del sufrimiento, los que realmente se secan las lágrimas para dar lo mejor de ellos mismos, a los que tan sólo unos pocos de sus amigos (aquellos que han pasado por situaciones similares) podrán ayudar y comprender.

Creo que la sociedad comprender a los enfermos de cáncer, y nos cuidan y nos protegen, pero considero que debemos ampliar urgentemente ese círculo solidario y asistencial, procurando, ofreciendo apoyo desde la misma red hospitalaria, a todos estos valientes silenciosos.

Para mí el sufrimiento opcional es el mayor de los sacrificios, y para mi, ellos son los héroes de esta triste historia, y los que nos dan fuerza para seguir adelante.

AMAR ES...PERSEGUIR UNA ACTITUD POSITIVA

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Ante los problemas de la vida (grandes o pequeños) somos nosotros mismos los que decidimos cómo afrontarlos. 

Los problemas no tienen peso específico, no tienen la cualidad de poder definirse por niveles, porcentajes, magnitudes físicas. Se definen por cómo los afrontamos, por una decisión personal de gestión de la dificultad y el dolor.

Obviamente no será lo mismo la rotura de un pie que el incendio de una casa, no tiene la misma repercusión ni movilizará en nosotros tantos recursos para su gestión. PERO (debería decir mejor:  PERO es la forma en que decidimos hacer frente al problema lo que definirá el nivel de sufrimiento. 

La resiliencia es un concepto básico en el afrontamiento de problemas: la capacidad para crecerse ante las dificultades. En el extremo opuesto a la persona resiliente estaría la persona débil y victimista.

Los victimistas tienen un componente tóxico y un poco chupóptero de la energía de los otros. Ante las dificultades no se toman ni un tiempo mínimo en intentar afrontar los problemas, buscar soluciones, crecerse. Su forma de actuar es cómoda y sencilla: "si tengo un problema y se lo transmito a mis allegados como algo insalvable y que me hace sufrir inmensamente, ellos se sentirán responsables de aliviar mi sufrimiento".

El concepto como cómodo es comodísimo, es como pasar el testigo en una carrera de relevos: te paso mi dolor y así me alivio yo. 

Las personas que actúan así muestran muy poco amor por las personas que les rodean. Nada produce más impotencia que ver a una persona derrotada y que no hace esfuerzos por mejorar su situación, de la que hay que tirar continuamente como un pesado fardo que llevamos a la espalda. 

No existe problema en el mundo que no pase por el tamiz de nuestra propia valoración, de nuestros intentos por afrontarlo. La ayuda de las personas que nos quieren resulta fundamental (el apoyo social es básico en la superación del problema), pero no podemos dejar de diferenciar entre APOYARSE y TIRARSE ENCIMA DE. 

Querer a alguien, cuando tienes un problema, pasa por hacer esfuerzos (los que se puedan, grandes o pequeños, exitosos o tan solo intentonas) de salir adelante. Eso ofrece seguridad a las personas que nos rodean respecto a que estamos intentando afrontar las situaciones, que nos pueden dar la mano para recorrer el camino, pero que no tienen que llevarnos a su espalda.

Cuando tengas alguna dificultad en la vida, por favor, muestra amor a los tuyos. Mírate en un espejo a los ojos, busca la fuerza en tu interior y llega hasta donde puedas, siempre tendrás a los tuyos para acompañarte en los desiertos de la vida, pero no les hundas innecesariamente con el peso emocional de tirar de un carro que no quiere rodar, que quiere que le lleven en volandas.

Nunca digas "NO PUEDO" sin intentarlo, estarás diciendo "ME QUIERO MAS A MI QUE A TI", y todo lo que venga después, piénsalo en tu interior, serán palabras vacías. 

EL PACIENTE DIFÍCIL

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Diferentes problemas que requieren intervención terapéutica son especialmente difíciles de abordar por la actitud del paciente.

Cuando un paciente se bloquea en el "no puedo" no está realmente intentando promover el cambio (que está en su mano, no en el terapeuta, que puede guiarle, darle pautas, pero el esfuerzo de llevarlo a cabo es del paciente, con apoyo, pero es algo personal).

Algunas personas piensan que el hecho de ir a terapia y pagarla tiene que ser suficiente para curarse. Entre estos yo les recomendaría que fueran directamente a Salud Mental: psiquiatría, que pidieran medicación y se limitaran a quejarse de sus problemas paliándolos, que no solucionándolos. Al menos es gratis.

Los límites nos los ponemos nosotros. Un "no puedo" es síntoma de un esfuerzo mínimo, de una falta de capacidad para pensar que somos nosotros y nuestro esfuerzo, muchas veces titánico y doloroso el que promoverá nuestra mejoría.

Los terapeutas tampoco somos exactamente tiranos. Comprendemos estas dificultades, y no, no nos limitamos a escuchar: buscamos y promovemos un cambio en conductas y pensamientos, pero intentamos adaptar los cambios a la capacidad de cada paciente.

Cuando el paciente se limita a decir "no puedo" (parar los pensamientos, dar un pequeño paseo, levantarse de la cama, hacer actividades ligeras, escribir pensamientos negativos y modificarlos mediante técnicas aprendidas en consulta), poco se puede hacer.

Nadie puede conseguir lo que nosotros mismos no somos capaces de intentar. 

Decir "no poder" es rendirse antes de intentarlo, es no hacer esfuerzos, es pensar que la paciencia de las personas que nos rodean y se preocupan es infinita (y a veces no lo es).

No des jamás pena, deja de caer una y otra vez en tu propia sensación de incapacidad y empieza a cambiar ese diálogo interno del "no puedo" por el "tengo que poder". Si tan mal te encuentras como para pedir ayuda, aprovéchala. 

Los terapeutas sabemos lo difícil que es arrancar, el sufrimiento, el miedo, la sensación de incapacidad, y contemplamos estos factores e intentamos ayudar a superar estos momentos, pero si la persona no hace nada por cambiarlo, si su única pantalla mental es negra con un enorme NO PUEDO impreso, tal vez la terapia jamás les ayude a superar su situación.

Todos podemos intentarlo. Nadie, absolutamente nadie puede permitirse sufrir por no intentarlo.

Piensa en gente a tu alrededor, con grandes o pequeños problemas, pero con la determinación de intentar superarlo. Lo conseguirán o no lo conseguirán, pero siempre sentirán en su interior la satisfacción de haberlo intentado, el respeto por ellos mismos.

Si necesitas una mano, recuerda que yo tengo dos (San Agustin), pero a veces, además de mis manos o mis consejos necesitarás confiar en ti mismo. 

SOY CREYENTE, Y ME ENCANTA

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Hoy hablaba con una Amiga (con A mayúscula, a pesar de que no nos conocemos personalmente, ni lo necesitamos) y en un momento dado, por un tema personal me ha preguntado: eres creyente? Sí, lo soy. Creyente de las que tuvieron mil crisis de Fe, de las que creen después de renegar.

Soy católica desde que nací, y en esa Fé me criaron mis padres. Pero por algún motivo a mi no me llegaba ningún mensaje. De niña ir a Misa era el peor de los suplicios, no entendía nada y mi madre me daba unos pellizcos espantosos si me entraba un ataque de risa (me sigue sucediendo, hasta en los funerales, es una risa nerviosa). 

Seguí todos los preceptos de la Iglesia, customizándolos según crecía hasta convertirme una adulta sin tiempo para Dios. En ese momento pesaba más la superstición que la convicción.

Tuve hijos y les enseñé mi religión, y luego les dejé decidir. También es cierto que mi interpretación de la religión es un poco sui géneris y no establezco ningún tipo de diferencias entre la Fe, y considero las religiones interpretaciones muchas veces mediadas por el entorno cultural donde se desarrollan. 

Las circunstancias de la vida, me hicieron enfadarme con Dios y negarle. Eso y por supuesto, mi actitud prepotente de mujer de Ciencia (no está bien visto ser psicóloga evolucionista y creer en Dios). 

Y me reencontré con la Fe a través de mis pacientes. Ellos me enseñaron que Dios es todo o es nada, según el lugar que le demos en nuestro corazón. Dios es atemporal, incorpóreo, imposible de dimensionar. Dios habita en nosotros a través de nuestros actos, a través de la Esperanza, a través de la capacidad de sentir amor hacia aquellos que no conocemos, Dios es lo que nos hace ayudar a una anciana, enseñar a nuestros hijos a elegir el bien antes que el mal y muchísimas cosas que no tienen nada que ver con el concepto que parece entenderse por Fe.

Algunos dirán que eso es simplemente moral, pero va mas allá. La moral no nos acompaña, no dialogamos con la moral y especialmente, no nos hace no sentir miedo del futuro.

Yo me reencontré con Dios a través de una paciente (que ni siquiera sé si es católica), pero entendí que su afrontamiento a situaciones increíblemente duras, su dulzura, su paz interior, su falta de buscar culpables o quejarse de su suerte, tenía que ser la esencia de la Fe.

Ese día volví a creer (los renegados somos muy felices en el reencuentro).

Sigo sin ir a Misa, sigo sin saberme el Padre Nuestro actual (de hace 25 años), pero todos los días celebro mi propia liturgia con Dios, cuando en un diálogo interno le confieso mis miedos y me manda fuerza para seguir sin enfadarme con el mundo, le cuento mis errores y mis fallos garrafales cuando no tengo paciencia, o contesto como una borde, o miro hacia otro lado en vez de tender la mano a quien lo necesita, o me falta un te quiero para mis hijos o para mi madre, por pereza.

La Fe me ayuda a continuar y me ayuda a trabajar, no es esencial para mi profesión, sólo me da una dosis extra de humanidad en las ocasiones que considero que mi mano puede servir a una persona para reflotar, más allá del trabajo y más cerca del ser humano.

Y entiendo a todos los que no creen (yo también milité mucho tiempo en ese bando), pero sinceramente, a mi, una vez que encontré la Fe dentro de mi y supe lo que significaba me ayuda que mi mejor amigo sea Dios. 

Este es el secreto de mi alegría, de mi fuerza. Yo nunca estoy sola. Juego con la ventaja de algo muy poderoso que me impulsa y me consuela.

Creo que es la experiencia interior que más me ha gratificado en mi vida.

Me siento afortunada

Extracto del libro Señor Dios, soy Anna (Fynn). Regalo de mi madrina cuando era una niña

Es fácil darse cuenta de la diferencia que hay entre un ángel y una persona. La mayor parte de un ángel está por dentro y la mayor parte de una persona está por fuera

Fynn
"Señor Dios, Soy Anna" 
Ed. Urano

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MALTRATO PSICOLÓGICO: NI CALVO NI CON PELUCA

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Para escribir este artículo debo clarificar de antemano mi opinión sobre el concepto de maltrato psicológico, en el que se da una situación reiterada de insultos, vejaciones, anulación de la persona hasta convertirla en una persona incapaz de dar una respuesta coherente a una situación que justifica desde su propio sentimiento de culpabilidad, y se da una situación de INDEFENSIÓN APRENDIDA. 

Diferenciaremos primero lo que es maltrato físico, en el que obviamente, ocurre una agresión y que puede tener diferentes grados y siempre un mal pronóstico.

No es este el tipo de maltrato al que me quiero referir, es al maltrato psicológico y las señales bastante equivocadas que nos están llegando respecto a la mujer maltratada y el hombre maltratador, y que hace que se nos escapen por el camino algunos factores importantes que corrompen la ecuación.

Considero una auténtica barbaridad la posibilidad de que una mujer se ampare en la figura jurídica del maltrato psicológico sin que exista un estudio de la dinámica familiar y el estilo de comunicación de la pareja. Maltratar no puede convertirse en un arma de chantaje para que el hombre siempre diga que sí por miedo a las consecuencias.

Debería comenzarse muchísimo antes a cambiar la base del concepto de maltrato, una educación real en valores que enseñe a los niños a identificar la diferencia entre diálogo y discusión, las repercusiones de ambas formas de comunicación y lo estéril que resulta la segunda forma como arma de persuasión o posibilidad de consensuar situaciones entre la pareja.

No sólo existen hombres maltratadores, también existen hombres con una gran paciencia que se someten sistemáticamente a los reproches, sospechas infundadas, denigraciones, exigencias, insultos, utilización del sexo como premio o castigo por parte de su pareja. ¿No es acaso esto maltrato? Obviamente el hombre no puede denunciar esto, y si lo denuncia se encontrará con la incompresión del sistema y el miedo a la estigmatización como "calzonazos".  Este tipo de maltrato es el que más se ve en las terapias de pareja, y por supuesto se tratan, pero no como maltrato, tan sólo intentando que la mujer flexibilice su posición y considere la pareja como un sistema cooperativo, en el que no se intenta cambiar a la otra persona, sino aceptar a aquel del que nos enamoramos como era.

El problema muchas veces es cuando este hombre se cansa o en una discusión se siente atacado y responde en la misma sintonía: el insulto o la vejación, éste es el punto importante. En ese momento a la mujer le estamos dando una escopeta cargada: la denuncia por maltrato.

Da igual si ella lleva "pegándole tiros en el pie" durante años, él no puede defenderse con las mismas armas, porque ella abrirá mucho los ojos y dirá: "me estás maltratando".

Habrá quien crea que exagero. Desgraciadamente no es así. Nos están lanzando el mensaje de que cualquier cosa que haga el hombre goza de la "presunción de culpabilidad" y que el Sistema nos protege de todo aquello que nos haga sentirnos vejadas o maltratadas, aunque esa sea nuestra forma de conducirnos con nuestra propia pareja.

No me gusta esta situación. No creo que una mujer que suelta veinte insultos, se considera maltratada por recibir una réplica y aún así sea capaz de continuar la misma línea tenga nada que ver con el auténtico maltrato. Es como dar más munición a una tocapelotas. 

Las mujeres maltratadas psicológicamente son perfectamente identificables: no miran a los ojos, se sienten inseguras, carecen de autoestima, tienen elevados niveles de ansiedad, tristeza, falta de ilusión y en muchas ocasiones poca conciencia de la situación. Han sido tan vejadas y humilladas, se les ha repetido tanto lo poco que valen que se lo creen, y lo que es peor: justifican a su maltratador, que las ha anulado de tal manera que consideran que él es la única persona que las admite. Esto es un maltrato psicológico, una situación espantosa y dificilísima por la mujer, que se mira en el espejo y ve una imagen distorsionada de sí misma, que tiene miedo a la interacción social, se aísla, sufre, aguanta lo que sea necesario en muchos casos porque su pareja la ha convencido que un Juez le quitaría a sus hijos.

Esto es maltrato.

Que estés machacando a tu pareja desde que entra por la puerta con gritos, reproches, diciéndole que es un inútil y que ha sido el peor error de nuestra vida, también es maltrato, pero de la mujer hacia el hombre, por mucho que el hombre termina diciendo cualquier salvajada.

Que un hombre le diga a su pareja: no me acuesto contigo porque estás gorda y no me pones es maltrato. Que una mujer le diga a su pareja no me acuesto contigo porque sudas mucho y estás gordo es el derecho de la mujer a decir no. ¿No suena discriminatorio?

Esta nueva tendencia a considerar maltrato a quien lleve la contraria (que no sé si se materializará en sentencias, pero que el mensaje que nos llega es exactamente este), no enseña a cambiar la forma de comunicación ni fomenta el dialogo en la pareja, es discriminatorio y propicia situaciones en las que se utiliza como chantaje.

De esta forma, yo soy absolutamente contraria a esta nueva tendencia respecto al maltrato.

Necesitamos más intervención psicológica (urgente, intensiva, extensiva) ante las mujeres auténticamente maltratadas, y medidas de protección social y comunitaria hacia ellas.

Yo a las tocapelotas simplemente les explicaría que el hecho de ser mujer no nos puede convertir en las débiles por sistema. Yo no lo quiero para mi ni para ninguna: protejamos entre todas a las débiles, identifiquemos en nuestro entorno a aquellas que necesitan de nuestra ayuda y aquí si, es nuestra obligación como mujer apoyarlas, ayudarlas, acompañarlas, animarlas a denunciar, prestarles todo el apoyo material y emocional que podamos. Eso sí es ser mujer: la solidaridad y capacidad empática nos define y enaltece. Que sea esa nuestra seña de identidad y no nos convirtamos en las dictadoras de nuestras relaciones sentimentales.

Y a todos esos hombres que se están haciendo la "carrera de calzonazos" les animo a que a pesar de la falta de apoyo y las risas disimuladas que van a encontrar al denunciar (reflexionemos también sobre esto), que denuncien.

Yo no quiero ser la mujer en que me quieren convertir: revanchista, instaurada en su propia verdad, inflexible, poco dialogante, dictadora, victimista.

En definitiva TODO MI APOYO A LAS MUJERES Y A LOS HOMBRES VÍCTIMAS DE MALTRATO DOMÉSTICO.

Y que la Ley sea igual de estricta y tajante con LA DENUNCIA AUTÉNTICA como con LA DENUNCIA FALSA, que necesita un endurecimiento de las leyes para proteger a las auténticas víctimas frente a las chantajistas del sistema. 

 

 

 

SOY TERAPEUTA, Y TENGO CÁNCER

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Mil veces he escuchado a mi hija (también psicóloga) decir: mamá, deberías escribir un libro sobre casos clínicos, podrían ayudar a mucha gente a comprender sus problemas.

Siempre le decía: algún día, cuando tenga tiempo libre, lo haré, aunque sólo sea para ti.

Las circunstancias han cambiado, y ahora mismo toca escribir sobre otras cosas, no sobre casos clínicos o trastornos de otros pacientes, sobre algo tan personal como es el momento inicial en el que te dicen "tienes un cáncer". 

No sé si con lo que os voy a contar puedo ayudar a otras personas que estén pasando ahora por lo mismo, pero es algo que le debo a mi hija, que siempre me anima a escribir, y esta vez lo haré, intentaré explicar cómo una persona de repente ve su vida vuelta del revés y se enfrenta a la decisión más dura entre todas las decisiones: cómo afrontar una enfermedad.

Hace apenas un mes me noté un bulto en el pecho (aquello no necesitó una autoexploración, era un bulto muy grande), esa misma tarde fui al médico de cabecera, que me conoce de toda la vida y sabe que suelo ir "con algo colgando" y casi no me siento porque voy con prisas y simplemente con una palpación me dijo: esto tiene muy mala pinta.

En una semana ya me habían llamado para hacerme una mamografía, a los dos días una biopsia, y en pocos días más tenía al médico sacando la bolita negra: cáncer de pecho.

Los peores días fueron los de las pruebas. Yo no era muy consciente de la situación y realmente me fastidiaba tener que ir a hacerme tanta prueba y cambiar a mis pacientes las fechas y trastocar mi mundo.

En realidad supe que era cáncer antes de ir a ver al cirujano (la sanidad pública a veces funciona, y en la aplicación del hospital podía ver los resultados de las pruebas y los informes casi de un día para otro).

En mi familia no hay antecedentes de cáncer, y lo primero que sentí fue culpa, pensando que a partir de ahora a la famosa pregunta de los médicos: ¿antecedentes de cáncer? mi hija, mis sobrinas dirían: sí. No sé por que fue el primer sentimiento: la culpa.

Después pensé en mi familia, en mi madre ya muy mayor y en mis dos hijos (y sí, en mis perros, el pequeño un cachorro de 3 meses) y volvió la culpa por fallarles, por preocuparles, por disgustarles.

Una vez que supe exactamente lo que tenía: cáncer de pecho localizado y sin metástasis, me pasé tres días sin querer hablar con nadie, sólo podía trabajar con normalidad y luego dormir para no afrontar el problema. No quería pensar en las consecuencias y no quería hablar con nadie. Llegue a pedir a la gente que lo supo por cercanía que no me nombrara el tema.

Cuando fui a ver al cirujano y me explicó con claridad lo que tenía y los pasos a seguir me sentí profundamente liberada de una carga: ellos se iban a ocupar de mi, esta vez yo no tenía que buscar las soluciones, y simplemente escuché los pasos:

quimioterapia /mastectomía radical/ radioterapia

Perfecto, había un plan de ruta y sólo me quedaba seguirlo.

En esa misma entrevista con el cirujano estuve bromeando sobre perder un pecho o perder el pelo, porque no lo considero cosas importantes. No son vitales, y además, decidí que ellos cuidarían mi cuerpo y yo cuidaría mi mente.

EL AFRONTAMIENTO

Tener miedo es normal: lo desconocido da miedo, el dolor da miedo, pero el miedo si no se reestructura te vence y se convierte en pánico, y hay situaciones en la vida en las que nadie te va a poder ayudar más que tu actitud.

He decidido establecer una hoja de ruta en 3 pasos:

1. quimio

2. operación

3. radioterapia

Estoy en el primer paso, y sinceramente los otros dos no me preocupan, ni siquiera nadie me puede garantizar que mañana no me caiga un tiesto en la cabeza y no haya valido la pena planificar a medio ni largo plazo.

Me he informado (lo justo, para no caer en hipocondrias) sobre los efectos secundarios. Ya sé, el pelo, que se cae. Pero soy bastante tozuda y he decidido que antes de que esto suceda me lo corto y voy acostumbrándome a mi nuevo aspecto. No pienso usar pelucas, que deben picar un montón, prefiero un pañuelo y andando, yo no tengo nada que ocultar.

Llegó la quimio y con ella mis primeras lecciones. Una sala llena de personas que con enorme naturalidad reciben su tratamiento y siguen con su vida, sin dramas, sin compasiones, sin mirar al otro con pena, sino más bien como compañeros de viaje.

La quimio en sí es algo muy personal: por lo visto a algunos les sienta fatal y a otros fenomenal. En mi caso no sabría definirlo, son molestias que curan y hay que pasarlas, no merece la pena pensar mucho en ello. Cuando te encuentras peor piensas en alguna gripe rastrera que has pasado en la vida y dices: "aquella vez si que estaba hecha polvo, no me vale excusarme en la quimio para regodearme en los efectos", y los efectos de la quimio son como los niños caprichosos, dan un poco la lata, y si no les haces mucho caso siguen ahí, pero no te molestan tanto. No merece la pena regodearse en la jugada de unas llagas o de una náuseas. Es simplemente como tener un montón de cosas que has tenido en la vida a la vez, pero que sabes que los efectos pasarán. 

Yo todavía no estoy perdiendo el poco pelo que me deje después de raparme (la gran alegría que sentí porque tenía los 20 cms. suficientes para poder donarlo para pelucas para niños oncológicos), y estoy a la expectativa de si al pelo de la cabeza se va a acompañar perder el pelo de las piernas, porque en caso contrario me sentiré algo estafada, la verdad.

Ahora siento rabia, porque no puedo pasear a los perros o hacer algunas cosas por el cateter ese que te implantan en el esternon para meter la medicación y que hasta que no pase un poco de tiempo me tiene limitado hacer esfuerzos o deportes, pero son unos días y luego pasará a ser parte de mi y ni me acordaré.

Estoy en una fase muy inicial del tratamiento, en la que el mayor estrés ha sido intentar llevar una alimentación más sana.

Soy fumadora y lo voy a dejar en el segundo ciclo de quimio. Es así como me lo he programado: el primer ciclo es más estresante por todo lo nuevo que no conoces, y no quería meter factores añadidos que pudieran desestabilizarme. Prefiero prepararme para cada paso que doy y pisar segura. 

LA FAMILIA Y LA NOTICIA DE UN CÁNCER

Es un momento duro cuando tienes que dar un disgusto así a la familia. En mi caso me preocupa muchísimo mi madre, que es mayor (87 años y sigue siendo guapa la muy de ella). Yo no puedo ayudarla, y de hecho, no ayudo mucho porque está empeñada en que "es imposible que siempre esté de buen humor", piensa que miento o que intento protegerla, así que hablé con la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) y visitará a un psicólogo de la asociación para que desdramatice la situación y acepte que este es un momento para venirse arriba y no abajo.

Mis hijos no han sido ningún problema. Están sin agobiarme, preferimos compartir el tiempo riéndonos (tenemos un pequeño problema con el humor negro) y disfrutando de situaciones agradables. En este sentido la moral de las tropas está muy alta.

Y los amigos, de aquellos que se dice que en momentos malos "conoces a tus verdaderos amigos", debí hacer una criba tan salvaje en el pasado, que ni uno sólo ha dejado de estar ahí, que para mi estar no es agobiar, es simplemente estar.

Por lo demás, me siento arropada pero no agobiada, sigo haciendo mi vida y sonriendo, como siempre hago. Estoy satisfecha conmigo misma porque he conseguido dar con la clave para tener una actitud muy positiva respecto a esta enfermedad.

En aquellos tres días en los que me encerré en mi misma conseguí vencer todos mis fantasmas, mis demonios, mis miedos. 

¿Y QUÉ PASARÁ?

Recuerdo una viñeta preciosa de Charly y Snopy abrazados de espaldas en la que Charly decía: "Snoopy, algún día nos moriremos", y Snoopy contestaba: "Sí, algún dia pero hoy no". 

El corto plazo es fundamental para vencer el miedo. La ansiedad (y aquí me pongo un poco psicóloga) tiene su raíz en la falta de control. Y ante cualquier enfermedad no podemos estar completamente seguros de lo que va a ocurrir. Los pensamientos catastrofistas no ayudan en absoluto (y encima ninguno tenemos certezas de nada, nunca), así que lo mejor es vivir el día a día, "que cada día tenga su afán", intentar que merezca la pena, disfrutar de pequeñas cosas o simplemente descansar, el siguiente escalón no ha llegado, no podemos preocuparnos de cómo será. Sólo justo antes de su inicio es el momento de pensar en él y planificar cómo lo acometemos.

¿Y QUÉ ACTITUD TOMAR?

Preguntad lo que os inquiete: la incertidumbre suele conducir a malos pensamientos

No penséis en futuro a largo plazo (no porque sea un cáncer, es que si montáis en coche va a ser un poco más de lo mismo)

Pensar que el pronóstico en este tipo de enfermedades es muchísimo más benigno en personas que tienen un afrontamiento positivo de la enfermedad

Anima a los tuyos: tu estás en tu piel, pero tu gente puede estar muy preocupada. No dejes de decirles los buenos momentos que tengas, las cosas que has hecho durante el día, las ganas que tienes de dar un paseo .... tus ganas de vivir son lo que más les puede ayudar.

Y normaliza, por favor, normaliza: hoy en día tener un cáncer es una putada, admitido, pero excepto en casos muy agresivos, cada vez es más alto el porcentaje de curaciones. La calidad de vida es muy buena y los servicios sanitarios suelen tener en este tipo de especialidades una calidad humana excepcional.

Haz que la vitalidad salga de ti a raudales, regala una sonrisa a aquel que se muestra preocupado, no hagas de esta enfermedad una burbuja en la que introducirte y lleva con naturalidad un proceso que suele ser largo. Si toca llorar pues se llora (a ver si sólo lloramos por un cáncer y no por 700 cosas como un mal día, un desengaño, un incremento de peso o un disgusto familiar). 

Evita el estrés, es el momento en el que tienes que mostrarte inflexible en este punto: lo que no suma, fuera. No puedes permitirte situaciones de estrés, ni aceptes la compañia de personas que te bajen la moral. 

No aceptes la pena, porque eres una persona fuerte, valiente, digna, y vas a luchar en cada momento con las fuerzas que te queden.

No te regodees en las molestias físicas: se agudizarán si estás pendiente de ellas.

Que cada día bueno se convierta en una fiesta, y cada día malo en un alto para coger fuerzas

Relativiza todo eso: antes disfrutar de todo y de todos. Vive el día a día, confia en las muchísimas personas que velan por ti, y, hasta en los peores momentos, que te acompañe una sonrisa, porque esa sonrisa unida a otras sonrisas son las que en el futuro conseguirán que la gente no se sienta aterrada ante un diagnóstico que hoy en dia resulta aterrador.

No sé si mi experiencia os puede resultar de ayuda. Tan sólo intento mostrar cómo he aplicado lo que llevo trabajando muchos años: el afrontamiento positivo y los beneficios sobre el estado de salud percibido. A mi me sirve, espero que a alguien también.

No son horas de escribir, creo. He conseguido que mi pequeño cachorrito saque otra vez todos los peluches al salón, como si ya fuera de día, así que, momento de recoger juguetes y pensar que al fin, después de meses sin escribir en mi página, he vuelto a tomar un hábito que tenia perdido en mi mundo de prioridades raras.

Prometo no tocar mucho más este tema. Tan sòlo cuando vaya pasando las etapas y tenga alguna noticia tranquilizadora o simplemente vayan sucediéndose cosas que necesiten una reorganización mental.

Por el momento mi próximo objetivo es darme el mimo de comprarme algún pañuelo bonito.

Y que a un día le suceda el siguiente, y como cada día, tenga algo que haga ese día bueno y especial

 

 

 

 

 

LA JUBILACIÓN: UN ARMA DE DOBLE FILO

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Cuántas veces oímos a alguien decir: "estoy deseando jubilarme". Quitando temas económicos, la jubilación se supone un período de tiempo en el que la persona puede dedicarse a todo aquello que no pudo realizar anteriormente.

En el mundo occidental la esperanza de vida es muy alta, y hoy en día las personas llegan a la edad de jubilación con una excelente condición física y mental (por lo general), lo que podría traducirse en un tiempo de disfrute y tranquilidad.

Sin embargo esto no siempre es así. Hay personas que han dedicado todos sus esfuerzos al trabajo, hasta el punto de no saber qué hacer una vez que se jubilan: no tienen amigos, no se les ocurre ninguna actividad de ocio que pueda resultarles interesantes (porque nunca han pensado en ellos mismos) y llega la DEPRESIÓN y en muchos casos LAS DIFICULTADES EN LA RELACIÓN DE PAREJA.

Las generaciones que se están actualmente jubilando todavía obedecen a un patrón social diferente al actual: no existe la plena integración de la mujer al trabajo, o en caso de que trabajen, suelen tener asumido el rol de ama de casa. Por otra parte las mujeres suelen ser más proactivas  socialmente y muchas tienen a familiares, amigas, van a clase de yoga u otras circunstancias que le permiten afrontar este salto de una manera más suave.

En los hombres se dan situaciones complejas: bajada de autoestima, sentimientos de menor valía personal y mucho tiempo libre que no saben ocupar. Ante esta situación se vuelven menos activos y adoptan el "rol del jubilado", sí, el de que va a por el pan, da un paseo por la calle principal de su barrio y si acaso se sienta en un banco al sol.

Como plan de vida para un hombre de 65 años o 70 resulta demoledor, y al poco tiempo se les ve taciturnos, torpes y con conductas incluso corporales impropias de un estado físico normal. Las quejas somáticas empiezan a sucederse y sus visitas al médico empiezan a formar parte de su plan de actividades semanales.

LA PREVENCIÓN DEBE COMENZAR ANTES DE LA JUBILACIÓN

Es necesario que la persona, de forma previa a su jubilación, vaya haciendo un pequeño repaso a su vida: a los planes que dejó de hacer, los sitios que no pudo visitar, las actividades para las que nunca tuvo tiempo. A veces esto es complicado, y se necesita un "brain storming" en el que no se permita a la persona juzgar la posibilidad de realizar sus planes a priori, simplemente dejarle soñar.

Igualmente planificar la actividad física y la forma de relacionarse con las personas suele ser necesario. 

La idea fundamental es la PREVENCIÓN de una situación lógica cuando pasamos de una actividad rutinaria y continua que no nos da margen para pensar a otras cosas a 24 horas para pensar, y pensar mal, en términos de estar acabado, de "ser un viejo" y perlitas de este tipo que son producto de la inadaptación a un nuevo momento personal que puede convertirse en la mejor época de la vida de una persona o un declive que empieza por lo mental y continúa por lo físico. 

 

IMPLEMENTAMOS UN NUEVO SERVICIO DE SEGUIMIENTO PERSONAL

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Las nuevas tecnologías tienen que servir para algo más que una diversión o, en muchísimas ocasiones una pérdida de relaciones sociales (parece que hemos perdido la capacidad de dialogar y todo se ciñe a mensajería instantánea.

Sin embargo, es muy común que tras una sesión de psicoterapia el paciente cuando llegue a casa haya olvidado parte de lo que hemos hablado, no recuerde bien los ejercicios si es que los debe realizar o no sea capaz de integrar toda la información. Esto no es que sea sólo común a los pacientes de terapia psicológica, yo reconozco que cuando voy al médico se me olvida la mitad de lo que tenía que decirle y recuerdo un cuarto de lo que él me ha dicho.

Tras analizar la situación, en la Consulta hemos decidido implementar un seguimiento online de las sesiones, de forma que tras la consulta, el paciente reciba un resumen de lo tratado, las soluciones que hemos ido pensando, las técnicas, a aplicar, etc. 

La experiencia piloto ha resultado muy satisfactoria, ya que supone un respaldo para el paciente y una mejora en la adherencia al tratamiento.

A continuación podéis ver, a grandes rasgos cómo se realiza este seguimiento. 

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FAMILIARES DE ENFERMOS: CUIDADO CON LA GANANCIA SECUNDARIA

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La ganancia secundaria es el beneficio que obtiene un enfermo expresando quejas sobre su enfermedad, y de esta manera recibiendo mayor atención de sus cuidadores.

No se trata de un fenómeno realizado conscientemente, simplemente el aprendizaje de las consecuencias de una conducta de queja (mayor atención) hace que se perpetúe y acentúe.

Esta situación pone a los familiares ante un dilema moral: la atención que requiere el enfermo por un lado (sería el componente subjetivo), y la necesidad de mantener una conducta firme pero cariñosa, no atendiendo sistemáticamente a estas quejas (componente objetivo). 

Pongamos el ejemplo de una persona con una depresión (valdría para muchísimas enfermedades, y es también frecuente en los pacientes que padecen dolor crónico y no siguen las prescripciones de realizar ejercicio).

Pues bien, la persona con una depresión severa se siente incapaz de realizar las tareas encomendadas y necesarias para empezar a salir de la depresión: realizacion de pequeñas actividades, levantarse de la cama, escribir sobre sus pensamientos negativos e intentar neutralizarlos, y otras muchas herramientas destinadas a sacar a la persona de su estado de inactividad y pensamientos obsesivos de corte catastrofista.

Como a estas personas les cuesta muchísimo iniciar cualquier tipo de actividad, cuando sus familiares les animan a realizar las tareas encomendadas, suelen refugiarse en el llanto y en quejas sobre sus ganas de morirse, en acusaciones sobre incomprensión de su enfermedad, etc. Esto suele derrumbar a las personas del entorno, dejando de insistir a la persona que está sufriendo esta enfermedad. La ganancia secundaria que consigue el enfermo es cuidados constantes, atención, comprensión y aceptación de su falta de fuerzas para iniciar cualquier actividad, perpetuando el problema.

Podríamos extender este ejemplo a personas que tienden a tener ansiedad. No realizan las actividades encomendadas y en muchas ocasiones los intentos de los familiares porque pongan algo de su parte se traduce en hiperventilación, mareos y acusaciones sobre que la presión les produce un incremento de la ansiedad.

Esta situación de ganancia secundaria por parte del enfermo desgasta emocionalmente a sus familiares y perpetua o agrava al problema, ya que impide la adherencia al tratamiento. 

Ante esta situación, es necesario ignorar las quejas somáticas de los pacientes que no consigan llevarnos a su terreno. Aquellas cosas que son buenas para ellos pero que se niegan a hacer, se les instará a hacerlo, pero ante su negativa, cualquier otra queja tendrá que ser respondida con una atribución de su responsabilidad en la falta de esfuerzos para iniciar su mejoría.

Es una situación muy complicada, que en muchos casos requiere orientación terapeutica para poder comprender las conductas que deben ser reforzadas, las que no y que los familiares comprendan que el exceso de cuidados pueden perjudicar al paciente, haciéndole una persona dependiente, demandante y abandonando cualquier esfuerzo para recuperarse. 

¿14 DE FEBRERO SIN PAREJA? IGUAL HASTA ES PARA CELEBRARLO

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Llega el día más cursi del año, y menos mal que no estamos en EEUU, eso ya es sobredosis de corazones y tarjetitas proclamando un amor que en muchas ocasiones tiene más valor que el ramo de flores que se compra.

Que exista un dia de los enamorados es algo demasiado absurdo e impostado, y hacer un regalo en este día es una forma de comercializar con los sentimientos que a mi me parece repelente.

¿Quieres celebrar el Día de los Enamorados? tienes 365 días al año para no refunfuñar por bajar la basura, para tener un gesto de complicidad con tu pareja, para preparar sorpresas y tener detalles que reflejen la calidad de tu amor.

El amor se cuida cada día, y el Día de los Enamorados es todos y cada uno de los días que te levantas pensando en esa persona especial que te impulsa a ser mejor persona. El amor es perder el egoísmo para intentar satisfacer e ilusionar a la otra persona, aunque en realidad es también un acto de egoísmo, porque su felicidad alimenta la nuestra.

Yo no conozco procesos como estos que se reactiven una vez al año, ni creo que esperar el regalo en el día que hay que hacerlo porque así esté estipulado sea precisamente reforzante para el amor: el amor es sorprender, nunca debe ser imposición de nada.

Y después de esto tenemos a los que hoy no tienen pareja. En personas que acaban de dejar una relación, los mecanismos cognitivos que se despiertan tienen que ver con sentimientos de fracaso, frustración, búsqueda de los momentos felices pasados (ignorando los malos momentos), y sensación de ser "un perdedor". Para esos casos en los que la pérdida de relación es reciente, o aquellos que están obsesionados con la búsqueda de pareja como si fuera el santo grial, el día es malo, muy malo. Es como si pensamientos erróneos poblaran su mente sin poder reevaluar una situación de una forma más global.

Estar enamorado no es siempre tener pareja. Hay un tipo de enamoramiento más duradero: el amor por la vida, por las sorpresas que nos da, por los disgustos que nos da a veces, por la cantidad de cosas que pasan a nuestro alrededor y que pueden producir emociones poderosas. La capacidad de valorar nuestra vida, lo que hacemos, lo que somos, luchar por nuestra felicidad y sentirnos satisfechos de lo que vamos consiguiendo es un síntoma de enamoramiento de la vida, de querernos a nosotros mismos (que a fin de cuentas, con la única persona que acabarás tus días es contigo mismo).

El amor romántico no es el único tipo de amor que existe. El amor de mariposas en el estómago dura dos años,  luego puedo surgir otro amor más pleno y duradero o que la situación derive a otras relaciones más sanas o más tóxicas, depende en gran medida del amor que nos tengamos a nosotros mismos, de nuestro sentido de valía personal y de dignidad.

Si no tienes pareja, ademas de lo que te vas a ahorrar, celebra todos los días el Día de los Enamorados, buscando tu propia felicidad (que si es bendecida con una pareja, pues muchísimo mejor). Si estás enamorado, celebra igualmente este y todos los días. El ramo de flores está bien, pero si es inesperado mucho mejor. El beso, el traer una manta para que la otra persona no se enfríe es también celebrar el dia de los Enamorados.

Celebra 365 días al año este día....que cada día tenga su afán